La importancia del lugar: cómo afecta a nuestra digestión, dónde comemos

 

Desde una mesa del Green observo las mesitas de madera, las sillas recicladas, las enredaderas trepando a su antojo y la luz cálida arropando el lugar; el murmullo de un grupo que se ha reunido para comer, la mujer que se deleita con su té entre las manos y, de fondo, música de los ochenta.

No se ven pantallas, no se oyen televisiones ni estridencias, todo parece estar en perfecta armonía. Me pregunto entonces qué importancia le damos al sitio donde comemos. ¿Somos conscientes de las consecuencias que un ambiente hostil o ruidoso puede tener sobre una hinchazón de estómago o una acidez? ¿Entendemos que una sensación de llenado puede deberse a nuestro estado emocional, a cómo como comemos  y dónde lo hacemos? En este artículo haremos un tour por los básicos imprescindibles si queremos saborear nuestra comida, asimilar los nutrientes de manera adecuada y disfrutar de una buena digestión.

El estado mental con que te sientes a la mesa va a influir directamente en tu proceso: comer con prisa, preocupaciones, enfado o estrés lo va a bloquear. Este exceso de estimulación y un estado emocional alterado activa nuestro sistema nervioso simpático, eleva el cortisol (la hormona del estrés) y paraliza el tubo digestivo. Esto provoca que la motilidad sea inadecuada y que el alimento fermente causando hinchazón, gases o molestia abdominal, aun ingiriendo la comida más saludable y mejor cocinada. La mejor opción es hacer un paréntesis en nuestra ajetreada vida, dejar los problemas y las preocupaciones para un momento más idóneo y disfrutar una comida pacífica, feliz y poco ruidosa en un entorno cálido y agradable. Si de todos modos eres como el correcaminos, puedes ayudarte haciendo tres respiraciones profundas antes de empezar.

Comienza sentándote, mirando tu plato, disfrutando del color y el olor y dedicándote unos segundos a observar lo que vas a comer, de esta manera empezarán a activarse tus jugos digestivos.  En esta primera fase no tiene cabida eso de “como en cinco minutos de pie, a prisa y corriendo.” Aleja tu móvil de la mesa, no enciendas la tele y no aproveches para echarle un vistazo a esos apuntes de la tarde que parecen tan importantes. Come despacio, tómate tu tiempo para masticar cada bocado y así mantendrás  la armonía entre tus  papilas gustativas, el cerebro, el estómago y el tracto digestivo. Comer de manera consciente activará el control de saciedad para no comer más de lo necesario. No acompañes tu comida de un exceso de líquido y pon especial atención en evitar bebidas frías que inhibirán tu proceso digestivo. Si lo necesitas, es mejor finalizar la comida con una infusión.

Aún no es momento de echar a correr. Como nos recuerda la sabiduría popular “después de comer, ni una letra leer”, ya que el flujo sanguíneo se incrementa en nuestro sistema digestivo y el cerebro exige también una irrigación elevada, por lo que cualquier actividad, ya sea mental o física, realizada después de comer perjudicará nuestra digestión; por ello lo ideal sería esperar unos treinta minutos antes de ponernos en marcha. Ahora que sabemos que el lugar y la manera en que comemos influyen en nuestra salud, estoy segura de que buscaremos lugares que promuevan hábitos de paz, calma y tranquilidad para dejar paso a los agradables murmullos que a veces olvidamos. Si no tienes claro dónde encontrarlo, no dudes en acercarte al Green.